La piel es esencial para la supervivencia de una persona. Forma una barrera que impide que sustancias y microorganismos nocivos penetren en el cuerpo. Protege a los tejidos corporales contra lesiones. La piel controla también la pérdida de líquidos fundamentales para la vida como la sangre y el agua, nos ayuda a regular la temperatura corporal a través de la transpiración y nos protege de los rayos ultravioletas nocivos del sol. Sin las células nerviosas en nuestra piel, no podríamos sentir calor, frío u otras sensaciones. El músculo erector del pelo se contrae para que los vellos en nuestra piel se pongan derechos cuando tenemos frío o sentimos miedo. Cada pulgada cuadrada de piel contiene miles de células y cientos de glándulas sudoríparas, glándulas sebáceas, terminaciones nerviosas y vasos sanguíneos. La piel está formada por tres capas: la epidermis, la dermis y el tejido subcutáneo.

La capa superior de la piel, la epidermis, es la capa externa, que provee resistencia y protección. Tiene el espesor de una hoja de papel en la mayor parte del cuerpo. La epidermis tiene cuatro capas de células que se descaman y renuevan constantemente. En estos cuatro planos hay tres tipos especiales de células:

  • Los melanocitos producen melanina, el pigmento que le da color a la piel. Todas las personas tienen aproximadamente la misma cantidad de melanocitos; las personas de piel más oscura producen más melanina. La exposición a la luz solar aumenta la producción de melanina, razón por la cual las personas se broncean o desarrollan pecas.
  • Los queratinocitos producen queratina, un tipo de proteína que es un componente básico del cabello y las uñas.
  • Las células de Langerhans ayudan a proteger al cuerpo contra infecciones.

Como las células en la epidermis son reemplazadas por completo cada 28 días, los cortes y lastimaduras cicatrizan rápidamente.

Por debajo de la epidermis se encuentra la siguiente capa de nuestra piel, la dermis, que está formada por vasos sanguíneos, terminaciones nerviosas y tejido conectivo. La dermis nutre a la epidermis. Sin determinadas moléculas en la dermis, nuestra piel no podría estirarse cuando nos inclinamos ni volver a su posición cuando nos enderezamos. Estos dos tipos de moléculas, colágeno y elastina, se combinan en fibras en la dermis para facilitar el movimiento. El colágeno es resistente y difícil de estirar y la elastina, como su nombre lo indica, es elástica. En las personas mayores, parte de las fibras que contienen elastina desaparecen, por lo que la piel luce arrugada. La dermis también contiene las glándulas sebáceas de la persona. Estas glándulas, que rodean y se vacían en los folículos pilosos y poros, producen un aceite denominado sebo que lubrica la piel y el cabello. Las glándulas sebáceas se encuentran mayormente en la piel del rostro, la parte superior de la espalda, en los hombros y el pecho. La mayor parte del tiempo, las glándulas sebáceas producen la cantidad adecuada de sebo. A medida que el cuerpo de la persona comienza a madurar y a desarrollarse durante la adolescencia, las hormonas estimulan las glándulas sebáceas para que produzcan más sebo. Esto produce acné cuando los poros se tapan por exceso de sebo y demasiadas células muertas. Más adelante en la vida, estas glándulas producen menos sebo, lo que contribuye a la sequedad de la piel.

La capa inferior de nuestra piel, el tejido subcutáneo, está formada por tejido conectivo, glándulas sudoríparas, vasos sanguíneos y células que almacenan grasa. Este plano ayuda a proteger el cuerpo contra golpes y otras lesiones y ayuda a mantener la temperatura corporal. Existen dos tipos de glándulas productoras de sudor. Las glándulas ecrinas están presentes en todo el cuerpo, aunque predominan en la frente, las palmas de las manos y las plantas de los pies. Al producir sudor, estas glándulas ayudan a regular la temperatura corporal y los productos de desecho se excretan a través de ellas. El otro tipo de glándulas productoras de sudor, las glándulas apocrinas, se desarrollan en la pubertad y se concentran en las axilas y la región púbica. El sudor de las glándulas apocrinas es más espeso que el producido por las glándulas ecrinas. Si bien este sudor es inodoro, cuando se mezcla con las bacterias en la superficie de la piel puede causar olor corporal. Un adulto sano, normal, secreta medio litro, más o menos de sudor diariamente, aunque la cantidad podría aumentar por la actividad física, fiebre o temperatura ambiental alta.